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miércoles, 16 de marzo de 2011

Psicología transpersonal y sus aportes para la psicología

Aportes de la Psicología Transpersonal al tema diagnóstico en el área de la salud mental.

Autor: Ps. Alice Thomas Suhr.

El presente artículo es una revisión del tema diagnóstico dentro de la psicología Transpersonal y sus posibles aportes para la psicología en general. Se describen brevemente algunos conceptos y modelos del potencial humano que han ido emergiendo en estas últimas décadas y que han derivado en nuevas categorías diagnósticas tales como Emergencias Espirituales y Metapatologías y en nuevas propuestas de tratamiento. Finalmente, se discute respecto de las renuencias de los psicoterapeutas Transpersonales al uso de los diagnósticos y de las oportunidades desde una actitud más abierta al tema: especialmente respecto de los beneficios de la sensibilización a los temas espirituales dentro de los profesionales de la salud mental.

Palabras claves: Diagnóstico, psicología transpersonal, Emergencia Espiritual, Equivoco Pre-trans, niveles de conciencia.



Introducción:

La psicología Transpersonal, en su interés por los aspectos trascendentes del ser humano, ha hecho aportes respecto de un nuevo modelo de salud y ha ampliado la idea de cuál es nuestro máximo potencial; o como Wilber (1988) diría: “¿Cuál es la etapa de unidad más elevada a la que uno puede aspirar?”. Esta inquietud ha sido investigada dentro de un marco en el que es necesario entender, que la psicología Transpersonal se encuentra enraizada en las tradiciones místicas y las variadas experiencias que de allí se derivan.

El psicólogo Transpersonal Alejandro Celis (2003), en una reciente publicación (“Qué es y qué no es la psicoterapia transpersonal”) describió el concepto de salud Transpersonal del siguiente modo:

“Concibo a la persona que ha logrado un proceso de funcionamiento predominantemente sano, como, precisamente un proceso en movimiento en el cambiante presente, en contacto con sus claves internas: “su valoración organísmica” (…) “Al estar en contacto con sus claves- en continuo cambio de instante en instante-no invierte una cuota significativa de energía en escuchar a su mente repetitiva, la que considera como representante de su condicionamiento”(…)” no se halla aferrado a los rasgos de su personalidad, los que simplemente considera como hábitos y pautas de conducta que en algún momento fueron adaptativos” (…)”Se hará responsable de su vida y circunstancias, entendiendo que él o ella es el principal generador de éstas”(…)”Esta persona no seguirá pasivamente las pautas culturales del medio en que ha vivido”…”considerará como su principal foco de satisfacción y sentido de su vida el autodescubrirse y auto-disfrutarse de momento en momento” .

En una primera mirada puede parecerse al ideal de salud planteado por la psicología Humanista; pero Celis, en el mismo artículo, se preocupa de aclarar la distinción principal entre el concepto de salud entre una corriente y otra, señalando que esta diferencia se encuentra fundamentalmente en el cuestionamiento de la naturaleza del yo.

Efectivamente, en la psicología Humanista es posible encontrar la descripción del máximo potencial de un ser humano, como una persona con un ego o yo integrado, autónomo, auténtico y autoactualizado. El yo o ego de una persona predominantemente sana, está en interrelación continua con el Todo.

Sin embargo, la Psicología Transpersonal, dentro de un paradigma diferente, ha cuestionado la naturaleza del yo o el ego, hasta el punto de concebirlo como una ilusión. Esta ilusión a su vez sería la generadora de nuestra experiencia dual que vendría a ser el mayor impedimento en el intento de acceder a unidades superiores de actualización, dado que somos el Todo.

Dentro de las múltiples tradiciones místicas el autodescubrirse no está centrado solamente en un modo de ser más auténtico e integrado, sino que este autoconocimiento es el medio a través del cual hombre y mujer pueden conocer la naturaleza del ser. De allí que los consabidos dichos tales como: “El que se conoce a sí mismo conoce a Su Señor” (Hadith Islamico, Citado en Helmisnki 1999) o “aquel que conoce a Brahman se convierte en Brahman”.(Upanishads, citado en Novak, P. 1994) contengan un nivel más profundo del que habitualmente sospechamos.

Es un paradigma totalmente diferente el del misticismo, situando al ser humano como el mejor de los instrumentos u “órgano perceptor” del Todo o la Realidad. Expresado esto, en términos del camino Sufi : “El hombre viene a ser el macrocosmos y el universo viene a ser el microcosmos” es decir, no somos sólo una pequeña parte en una inmensidad sino que -hombre y mujer- somos capaces en ciertas condiciones del desarrollo humano de conocer y reflejar en nuestra interioridad todos o casi todos los niveles y ámbitos de la Realidad. (Ibn al Arabi en Bezels of Wisdom, traducción al inglés 1980)

Las experiencias místicas pueden contener parte de esta cualidad y, por lo tanto, en sí mismas pueden ser muy amenazantes para el sentido de identidad que hemos construido dentro de nuestra historia personal. El que nuestro sentido de identidad desaparezca puede ser una tremenda oportunidad de crecimiento, pero también de desorganización psíquica difícil de asimilar.

A lo largo de los siglos, los maestros dentro de las mismas tradiciones místicas han estado a cargo de encauzar estas crisis, y han acumulado conocimiento respecto a cómo ayudar a sus discípulos. Muchos de los iniciadores del movimiento transpersonal, estuvieron envueltos en prácticas orientales o chamánicas. Pero hoy en día nos encontramos en un contexto muy diferente y que es necesario tener en cuenta, ya que puede ayudarnos a entender por qué es necesario unir el conocimiento místico con los conocimientos de la psicología occidental.

Al observar hoy con atención, podemos ver que los buscadores de experiencias transpersonales ya no son esos escasos y raros monjes retirados del mundo; y, por ende, estas experiencias ya no son sólo parte de la práctica sistemática de un camino espiritual al que el individuo "se sintió llamado". Hoy, en cambio, es posible ver una oferta y demanda de lo trascendente mucho mayor, probablemente acelerada por los cambios que ha impuesto la creciente globalización y que puede traducirse en que algunas organizaciones espirituales pasan a ser parte del mercado, vendiendo sus ideas y servicios incluso a veces avaladas por un conocimiento proveniente de las distintas tradiciones espirituales. Otras veces, la oferta viene como una mezcla bizarra en que hay "un poco de todo" y es difícil discriminar la seriedad de lo que se ofrece. (Helminski, K.E. 1997)

En el presente, los buscadores emprenden diversos caminos que no forman parte de una institución o religión establecida, sino más bien aquellos que poseen un carácter místico y que dan mayor relevancia a la experiencia interna y directa de lo trascendente o de lo Supremo o de los estados expandidos de Conciencia (sin instituciones de por medio o intermediarios); tal es el creciente interés en nuestro país por meditar y participar en grupos de yoga Kundalini y otras variantes del yoga, la práctica del Vipassana, la meditación Zen, el Sufismo, las medicinas tradicionales Chamánicas como el Ayahuasca, la Mescalina, los Temascales. Y, dentro de sus disciplinas todas ellas conllevan un poder enorme para provocar estados alterados y trascendidos de conciencia.

Las anheladas experiencias Transpersonales no necesariamente son gratas y pueden ser vividas como crisis difíciles de integrar a nuestras vidas, dado, que gran parte de las crisis -o Emergencias Transpersonales como las denominó Grof S. (1989)- desafían nuestros paradigmas de la realidad y la propia identidad.

En un mundo moderno y occidental, se consulta por crisis de identidad y estados angustiosos predominantemente a los profesionales de la salud, es decir, psiquiatras y psicólogos. Aquellos que consultan pueden ser selectivos o no, pero si un cliente busca ayuda en un terapeuta por fenómenos de tipo transpersonal, lo más probable que ocurra es que el terapeuta no sea capaz de distinguir los estadios evolutivos superiores de conciencia y las metapatologías que allí se desencadenan y tiendan a medicar o patologizar su cuadro. (Vaughan, F 1998.)

Ahora bien, no toda crisis transpersonal facilita la trascendencia del ego. Quienes practicamos la clínica, más de alguna vez nos hemos encontrado con distintas situaciones, dentro de ellas clientes que tienen dificultades para establecer y definir su propia identidad. Según Engler J.(2000) y Wilber K.(1998), estos sujetos pueden ser los más propensos a buscar prácticas meditativas; y esto ocurre no por una búsqueda de origen profundo y consistente, sino más bien como una forma de huir de las dificultades que les impone la realidad. De este modo, algunos de los que buscan espiritualidad, pueden ser seducidos por la posibilidad de desapego y estar por sobre los problemas cotidianos o por otros motivos como el lugar especial que les conferiría despertar poderes por sobre lo convencional, o por las ganancias secundarias como popularidad etc.

Poder distinguir una crisis transpersonal no es fácil y si lo pensamos con honestidad, probablemente lo primero que se nos viene a la mente si un cliente nos consulta afirmándonos que él es Dios sea que “el sujeto está loco y delirante”. A decir verdad, varios místicos, incluyendo Jesús, han planteado tal nivel de realización, pero probablemente ese dato lo dejemos como cosa de místicos de siglos atrás o del lejano oriente, pero no como una posibilidad para el paciente puntual que tengo en frente. Ante la disyuntiva, ¿vamos los terapeutas a aproximarnos inmediatamente de manera prejuiciosa, clasificando dicha experiencia como patológica y parte de un delirio? O ¿vamos a ser capaces de establecer diferencias entre un estado psicótico y uno que no lo es, a través de un procedimiento diagnóstico confiable? ¿Cuáles han sido las contribuciones del movimiento transpersonal al tema diagnóstico? Y cuáles sus intentos de socializar ante sus colegas no transpersonales la diferencia entre una experiencia transpersonal (emergencia espiritual) potencialmente progresiva en el desarrollo y otra regresiva y de carácter patológico?

Los terapeutas Transpersonales debiéramos poder distinguir un caso y el otro; pero, ¿acaso nuestra formación nos permite hacer la diferencia? Existe hasta ahora consenso de la importancia atribuida al conocimiento experiencial de la dimensión Transpersonal por parte del terapeuta, de tal manera que pueda reconocer la experiencia en el otro (Vaughan, F. (1998), Engler, J. (2000), Grof, S (1989), y Wilber, K. (1998)); pero, lo que se ha discutido escasamente es la renuencia de los terapeutas transpersonales a ocupar parámetros diagnósticos y que éstos sean verdaderamente capaces de establecer diagnósticos diferenciales claros. Si esta renuencia fuese propia de los transpersonales, entonces ¿qué desafíos se imponen dentro de este círculo?



Aportes de la psicología Transpersonal en el área diagnóstica:

En el presente artículo se intentará abordar y dar respuesta a las preguntas anteriores, describiendo algunos de los conceptos transpersonales que emergieron dentro de los modelos propios de la psicología Transpersonal y que han contribuido a generar nuevas propuestas y categorías diferenciales, como también han sensibilizado incipientemente a parte de la comunidad de la salud mental.

En primer lugar, se abordará el fenómeno de crisis espirituales y la creación del término Emergencia Espiritual (E.E.), y cómo, a partir del trabajo de Stanislav y Christina Grof (1989) y de David Lukoff (1998) en el tema de los problemas y emergencias espirituales, se logró integrar una nueva categoría en el DSM IV de la American Psychiatry Association (1993) con el fin de que los profesionales de la salud pudiesen no someter a diagnósticos psicopatológicos a sujetos que no padecían una patología psiquiátrica, pero si una crisis psicoespiritual.

En segundo lugar, se abordarán dos de los modelos jerárquicos del desarrollo de la conciencia. En dichos modelos, Ken Wilber (1989) y John E. Nelson (1996), representan los niveles de conciencia en diferentes estadios e incluyen los niveles transpersonales, ampliando el concepto de estados no ordinarios de conciencia y ubicándolos como estadios superiores de desarrollo a los que pueden acceder los individuos. En este sentido, introducen el término de metapatologías específicas para los niveles transpersonales y especifican la diferencia entre una experiencia transpersonal (emergencia espiritual) potencialmente progresiva en el desarrollo y otra regresiva y de carácter patológico.

Ken Wilber y John Nelson (éste último influenciado por el primero) entienden que cada nivel superior debe incluir los niveles inferiores de la conciencia y que en el desarrollo es necesario pasar de un nivel a otro, lo que no siempre se logra exitosamente. En este sentido Wilber (1989) introduce un nuevo término -“el equívoco pre-trans”- como un llamado de atención para quienes trabajan en la línea transpersonal. Este término es acuñado con el fin de poder distinguir si el sujeto está en un nivel de conciencia ampliado o más bien está psicológicamente operando desde un nivel inferior. Nelson se adhiere a este concepto, como también al de los niveles de conciencia y facilita al lector o al terapeuta la comprensión de un modelo jerárquico e integrativo, por el uso de un lenguaje más sencillo que Wilber.

En esta ocasión se dejará de lado, el modelo del eneagrama, sistema creado por Oscar Ichazo (Naranjo, C. 1994), que dentro del ámbito de la psicología transpersonal ha significado un gran aporte no sólo al tema diagnóstico sino también al autodescubrimiento. Sin embargo, no quise dejar de mencionarlo dado que es un sistema transpersonal muy útil, pero complejo para el que no está entrenado (Celis A. 2003). A. H. Almaas y el psiquiatra chileno, Claudio Naranjo han contribuido a difundir el eneagrama amplia y profundamente. Naranjo ha establecido paralelos con descripciones psicopatológicas comunes, que tal vez el lector quiera explorar y profundizar en su libro de Neurosis y Carácter una visión integrativa (1994)

Finalmente, se discutirá respecto a la renuencia de los terapeutas transpersonales al tema diagnóstico y los argumentos históricos que han mantenido en esta actitud a los psicólogos transpersonales.

1.- El concepto de Emergencias Espirituales y el trabajo de D. Lukoff para sensibilizar el tema de las E.E. en el área de la salud mental:

La idea de transformar una crisis en una oportunidad no es nueva en psicología; quien primero planteó la oportunidad espiritual que se encontraba en algunas de las crisis psicológicas fue C. Gustav Jung. El psiquiatra suizo otorgaba en ese entonces poca importancia al tema psicopatológico, resumiendo el asunto de la siguiente manera:

“El diagnóstico es un asunto altamente irrelevante, ya que fuera de adherir una etiqueta a la condición neurótica, nada se gana con él en relación al pronóstico y a la terapia… Basta con diagnosticar la “siconeurosis” como algo distinto a una perturbación orgánica” (en Daryl Sharp, 1992).

En psiquiatría y psicología, el tema de las crisis psicoespirituales no volvería a ser planteado tan claramente hasta mediados de los años setenta y principios de los ochenta, gracias al psiquiatra Stanislav Grof (1989), quien junto a otros comenzó acuñar el término de “Emergencia Espiritual” para describir aquellas vivencias o estados de conciencia no ordinaria que en ocasiones podían tomar un curso dramático, similar a los cuadros psicóticos, pero que a pesar de sus síntomas no necesariamente implicaban una enfermedad en los términos médicos tradicionales. Muy por el contrario, muchas veces podían ser verdaderas oportunidades de expansión del potencial humano del individuo y las crisis espirituales podían ser comparables a variadas experiencias místicas descritas en las diferentes tradiciones espirituales a lo largo de la historia:

“Sentimientos de unidad con el universo. Visiones e imágenes de lugares y tiempos remotos. Sensaciones de corrientes vibrantes de energía que recorren el cuerpo, acompañado de espasmos y temblores violentos. Visión de deidades, semidioses y demonios. Atisbos de una luz, vivida y brillante y colores del arcoiris. Miedos a estar volviéndose loco o de morir” (Grof, S. 1989)

Grof, S. planteó que las manifestaciones de estas crisis evolutivas iban a presentarse de manera muy particular para cada individuo, advirtiendo a sus colegas la dificultad para encontrar rotulaciones fáciles en uno y otro caso. A pesar de esto, plantea diez posibles categorías, a partir de su trabajo con otros, la discusión con sus colegas y la literatura al respecto, clasificando la variedad de las Emergencias Espirituales en:


1. Crisis Chamánicas
2. Despertar de la Kundalini
3. Experiencias de unidad o peak
4. renovación psicológica o volver al centro
5. Crisis por despertar psíquico
6. Experiencias de otras vidas
7. Comunicación con espíritus guías y canalización
8. Experiencias cercanas a la muerte
9. Experiencias cercanas al tercer tipo (ovnis)
10. Estados de posesión


Para Grof, S (1989) uno de los mayores impedimentos de los profesionales de la salud, para aceptar la idea de E. E., está en el uso indiscriminado del concepto de enfermedad, que históricamente se ha aplicado a cualquier estado de conciencia no ordinario. Ésta a mi juicio ha sido una de las contribuciones más relevantes de este psiquiatra en el tema diagnóstico, dado que su trabajo y el de Christina Grof permitió la discusión en torno a nuevas categorías diagnósticas, incluso fuera del círculo transpersonal.

En los años 80, Christina Grof creó Spiritual Emergence Network (SEN) en el instituto Esalen, California, con el fin de establecer una red de apoyo para aquellos quienes sufrieran de E.E. como un primer esfuerzo para apoyar a sujetos con intensas crisis psicoespirituales y prevenir una patologización y medicación innecesaria de estos sujetos.

El SEN, fue el primero en impulsar una nueva propuesta en el American Psychiatric Association. Sin embargo, fueron David Lukoff y otros terapeutas (1998) los que finalmente concretaron una nueva categoría diagnóstica en el DSM IV, que estaba entonces en preparación.

Previamente, Lukoff en (1985) en el Journal of Transpersonal Psychology había propuesto una nueva categoría diagnóstica llamada “Experiencia Mística con rasgos psícoticos” para aquellas experiencias espirituales con episodios similares a los cuadros psicóticos, que podían caer dentro de la Codificación V en el DSM III –R correspondiente a “factores no atribuibles a trastorno mental y que merecen atención o tratamiento”. Pero fue en 1991 en que se solicitó a la APA incluir una nueva categoría dentro de la Codificación V, llamada “Conflicto Psicoespiritual”.

La propuesta ante la APA perseguía sensibilizar a los profesionales de la salud en relación a los aspectos espirituales. Lukoff (1998) señala al respecto; “para obtener mayor apoyo a nuestra propuesta e incluir las muchas áreas que se sobreponen entre la religión y la espiritualidad, propusimos dos categorías una de problemas psicoespirituales y la otra de problemas psicoreligiosos”. En 1993, la propuesta fue aceptada, pero se le cambió el titulo a “Problema Religioso o Espiritual” y se modificó y abrevió la definición en el DSM IV como sigue:

V62.89 Esta categoría puede ser usada cuando el foco de la atención clínica es un problema religioso o espiritual. Incluye ejemplos de experiencias estresantes que involucran la pérdida o cuestionamiento de la fe, problemas asociados con la conversión a una nueva fe, o el cuestionamiento de otros valores espirituales que no necesariamente están relacionados a una iglesia organizada o una institución religiosa.

Esta nueva clasificación fue comentada por distintos medios como el New York Times, pero de acuerdo a Lukoff (1998), nunca se reconoció en los medios que esta nueva categoría tenía sus raíces en el movimiento transpersonal y su interés en el tema de las E.E.



2. Concepto del equívoco Pre-Trans y los Modelos Jerárquicos de Ken Wilber y John Nelson:


2.1. El modelo Evolutivo de Ken Wilber: el aporte de nuevas metapatologías y el concepto del equívoco Pre-Trans:

Ken Wilber plantea el desarrollo de la conciencia humana como un tránsito a través de estadios que representan el desarrollo evolutivo del hombre. Y describe para cada estadio una forma característica de conciencia, una tarea del desarrollo o desafío implícito para ese nivel de conciencia, como también los impedimentos y dificultades que le son propias a cada nivel. (ver recuadro).

Estructuras básicas Patologías Modalidad de
de la consciencia Tratamiento

9.Causal Patología Causal Camino del Sabio
8.Sutil Patología Sutil Camino del Santo
7.Psíquico Trastornos Psíquicos Camino del Yogui
6. Existencial Patología Existencial Terapia Existencial
5. Reflexivo-formal Neurosis de identidad Instrospección
4.Regla/Rol Patología del Guión Analisis de Guión
3. Mente representacional Psiconeurosis Téc de Awareness
2.Emocional-fantasmatico Trast. Pers. Border/narcicista T.R.Objetales
1.Sensoriomotor Psicosis Farmacología


La descripción de Wilber abarca desde la conciencia rudimentaria del niño hasta los estadios y fases en que el individuo lucha por desprenderse de los obstáculos personales y sociales para unirse con la Fuente. Si el desarrollo sigue un curso normal, entonces es posible avanzar hacia el próximo estadio más complejo y sofisticado. Si no es posible lidiar con el desafío impuesto para ese nivel de conciencia entonces el sujeto presentará disfunciones.

El self debe identificarse con la manera de experienciar propia de cada etapa, cumplir con la tarea allí implícita, y luego diferenciarse de lo allí integrado a través del proceso de desidentificación. Esto le permitiría al individuo integrar exitosamente el nivel de desarrollo correspondiente y estar mejor preparado para integrar el estadio superior subsiguiente.

Wilber postula que en cada estadio existiría un momento decisivo, denominado Fulcro. Para el autor, este momento es una oportunidad dentro del proceso de transformación que nos permite avanzar a la siguiente etapa del desarrollo, pero si no se sobrelleva bien, también se puede desencadenar una patología en correspondencia a ese nivel (tal como se muestra en el cuadro).

Wilber (ver recuadro) destaca una modalidad terapéutica apropiada para cada nivel. La especialización respondería, por un lado, al foco de trabajo en cada corriente, como a la acumulación de información y eficacia -demostrada en el tiempo- en el tratamiento específico que compete a la disfunción en cada nivel.

En este modelo jerárquico entonces, Ken Wilber entiende la psicopatología como:

“fricciones del individuo en su relación con los niveles de conciencia superiores (psicopatologías evolutivas o progresivas) o como fricciones con niveles inferiores en que se produjo un conflicto no resuelto (síntomas regresivos).
El tipo de alteración producida en la transformación determina el tipo de patología. El tipo de síntomas que manifiesta esa patología se relaciona con el modo particular que tiene el nivel de conciencia presente de decodificar, interpretar o representarse el conflicto, es decir, está determinado por su mecanismo de "traslación" (Bustos S. y Román M., 1992)

Es posible observar que Wilber en los espectros más Transpersonales, donde no se ha investigado ni descrito en extenso, nos describe una serie de cuadros de disfunción propias de aquellos que llevan una rutina o práctica espiritual, describiendo más acuciosamente las dificultades del camino Budista. A estas patologías las denomina metapatologías.

Wilber entrega la autoridad en el ámbito Transpersonal a los maestros espirituales, señalando que ellos serían quienes estarían más capacitados para enfrentar apropiadamente estos cuadros transpersonales. Sin embargo, también crítica la falta de conocimientos de psicología tradicional y psicopatología que en ocasiones los maestros poseen, presentándose a veces el problema de prescripciones tales como “persevera en la meditación”, que pueden ser contraindicadas para algunas personas con depresión, y esto no es posible de discriminar si no se manejan conocimientos de psicopatología.

En el ámbito psicológico y de la clínica, Wilber nos propone incorporar una nueva cautela en el establecimiento de un diagnóstico diferencial -el equívoco Pre-Trans- que consiste en las posibles confusiones del psicólogo entre los estados expandidos y los cuadros psicopatológicos -por ejemplo, una depresión severa puede confundirse con un estado de “noche oscura del alma” donde se vive también confusión, desaliento, depresión y desesperanza o vice-versa-. Para el primer caso, puede ser necesario abandonar la práctica espiritual y someterse a una terapia tradicional, incluso pudiera ser farmacológica, y en donde el terapeuta acompaña la revisión de disonancias o inclusive de conflictos inconscientes; y para el segundo, puede ser necesario proseguir con la práctica espiritual.

La incorporación del equívoco Pre/Trans implica este doble desafío para el terapeuta de conocer el funcionamiento rudimentario de la consciencia de estados inferiores como también el de estados expandidos de consciencia.

El ejemplo de equívocos, que se reitera en la literatura sería el abordar una experiencia Transpersonal con clientes que poseen una organización precaria de la personalidad como lo es una Personalidad Borderline, en contraposición a un Cuadro normal o neurótico dado que -en contraste- en el nivel neurótico los sujetos poseen mayor organización, coherencia interna y recursos para afrontar los retos y crisis o Emergencias Transpersonales que los que poseen aquellos con un Trastorno Borderline.

Y tal como lo declara Jack Engler, psicoterapeuta e instructor de la enseñanza Budista Therevada (2000): “…para que la identidad desaparezca es preciso en primer lugar, tener una identidad.” Y justamente, los autores Transpersonales en general, ponen hincapié en la necesidad de que algunos clientes consoliden una identidad, como es el caso de los pacientes Borderline. Esto último no significa que aquellos clientes abandonen sus intereses espirituales, implica mas bien que en la terapia se pondrá el énfasis en la diferenciación entre el yo y los límites con las realidades concretas, no estimulándose o reforzando el que se experimenten o busquen los estados de disolución o de desapego o de desidentificación.


2.2. Modelo Jerárquico Propuesto por John. E. Nelson: El Sistema de los Chakras del Tantra Yoga. Otro aporte en la distinción del equívoco pre-trans

John Nelson es de profesión psiquiatra y un psicoterapeuta de raíces psicoanalíticas que dio un giro hacia la orientación Transpersonal y que a la fecha ha escrito varios libros y artículos del tema. Bastante influenciado por Wilber, pero al contrario que éste, se observa en general un aporte que no se centra tanto en el paradigma filosófico de la psicología Transpersonal, sino más bien en el ámbito de las aplicaciones prácticas de la clínica. Nelson (1996) plantea que necesitamos más diagnósticos, y no menos. Necesitamos expandir nuestras categorías hacia el ámbito de la conciencia superior e incluir los impedimentos que se presentan en el crecimiento espiritual.

En el tema diagnóstico, propone conjugar el sistema diagnóstico tradicional de occidente con el modelo de los siete chakras del Yoga Tántrico (usado desde hace más de 3000 años en Oriente) integrando el sistema de los chakras con el conocimiento occidental desde la biología y la psicología, presentando una sofisticación del sistema diagnóstico, con la intención de dar más herramientas al terapeuta Transpersonal al momento de elegir un abordaje terapéutico.

Nelson (1996) señala que el sistema de los Siete Chakras fue originalmente concebido hace más de tres mil años por sabios contemplativos que formaban parte de la disciplina del Yoga Tántrico, y que aún es posible verlo como parte de las vertientes más esotéricas del Hinduismo y Budismo, como también dentro de aplicaciones más prácticas como la acupuntura.

Tradicionalmente, los chakras son concebidos como centros energéticos concretos situados en lugares específicos del cuerpo y son un vortex que acumula prana o Energía Vital desde la Fuente Universal y permite que el cuerpo permanezca vivo. Desde la percepción extrasensorial o clarividente es posible verlos como vortex que varían dependiendo del nivel desarrollo de cada uno de ellos. Sin embargo, Nelson sólo con el propósito de integrar este sistema con el modelo psicológico, propone considerarlos como metáforas de estadios del desarrollo psicológico, y agrega:

"En este sentido los chakras son arquetipos, temas de carácter comprehensivo en donde la vida humana se desenvuelve a través de estadios discretos de consciencia que guían el crecimiento físico, mental y espiritual."..."Cada Chakra tiene un único modo de cognición, tipo de relación, ética, actitud religiosa, incluso tipo de droga .(Nelson, J.E., 1996)

Podemos experimentar mayor nivel de activación de cada Chakra, dependiendo de nuestra etapa cronológica o nivel de consciencia al que estemos adheridos o identificados; o también a través de prácticas, o al ingerir drogas con el poder de activarlo.

En términos ideales, los chakras se abrirían uno después de otros en secuencia, pero en la práctica, existen aperturas prematuras y sus resultados pueden ser disruptivos, similares a lo descrito por Grof en las emergencias Transpersonales. Cuando se abren antes de tiempo, lo que hace el individuo es tratar de interpretar esta nueva información desde un nivel inferior. Por ejemplo, al sentir el sentimiento de unidad con lo divino, un individuo no preparado para ello, puede concluir que él es el elegido y los demás no lo son, o ante señales telepáticas, puede vivenciarlas como intentos de control de la mente de una entidad como el gobierno, etc. Lo ideal, de acuerdo a Nelson, es que se abran los chakras superiores luego de haber integrado bien los tres primeros.


2.2.1 Los siete niveles de conciencia :

1.Muladhara - Chakra raíz:

Estadio del desarrollo: cronológicamente corresponde al momento del nacimiento hasta más menos los tres años de edad. Lo que Margaret Mahler ha descrito como estadio simbólico. Psíquicamente, está en profunda conexión con el cuerpo y la sobrevivencia. Desde el cuerpo se comienza a formar una primera identificación con éste y también una temprana, pero rudimentaria membrana psíquica, que nos permite separarnos de la Fuente y crear una primera separación Yo y no-yo.

La fusión como modo de relación está representada en el nexo simbiótico con la madre, que le asegura la sobrevivencia.

La tarea del desarrollo es separarse exitosamente de esta figura primordial, a través de innumerables experiencias de "separación-individuación" hasta alcanzar un apego seguro y prepararse para otra etapa de individuación. En todo caso, en esta etapa el sentido del yo, nunca será tan poderoso como para poder sentir al self como totalmente independiente de los demás.

Patologías características: Psicosis, Esquizofrenia (si hay contribución genética), trastornos de tipo oral. Trastorno de personalidad Dependiente.

Las drogas asociadas a este chakra son el tabaco y café.

Al presentarse patología en este nivel, Nelson propone -al igual que Wilber-, centrar el tratamiento en un nivel de modificación conductual y dar apoyo para establecer límites del yo/no yo, como también fármacos antipsicóticos.


2. Svadasthana- Chakra Sexual:

Etapa del desarrollo: Comienzo 3 años hasta 6 o 7 años. Comienza a delimitarse más claramente el Ego
Psíquicamente el niño se interesa en el mundo y los objetos, identificando más claramente su yo de los demás y esta identificación en conexión con un género. El tipo de cognición característica es de tipo mágico/fantasioso, parcialmente afectada por las definiciones sociales de la realidad. El tipo de consciencia está orientado por el deseo.

En la relación con los demás abunda la idealización propia del pensamiento mágico, donde se pierde la línea de lo fantasioso y la realidad consensual.

Como tarea del desarrollo: el individuo deberá establecer una identidad más separada de los demás, integrando cada vez más la concepción de realidades consensuales, controlando gradualmente las emociones más intensas, la frustración y los impulsos.

Tipo de mal funcionamiento característico:
Errores serios de razonamiento (en que se ligan similitudes, como si fuesen identidades), que pueden conducir a cuadros paranoides o desarrollos paranoides. Trastorno de Personalidad Borderline.

Las drogas asociadas a este chakra son el alcohol, barbitúricos, opio y derivados.

En este nivel propone centrar el tratamiento en modificación de conductas, técnicas de fortalecimiento del ego, fármacos antipsicóticos.


3. Manipura Chakra del poder:

Etapa del desarrollo de 7 años a la adolescencia. El pensamiento crecientemente va de lo concreto hacia operaciones lógicas en el sentido aristotélico.

Consciencia apegada al ego y los sentidos. Hay predominio del Yo y de sus funciones de Poder y Control. El ego se consolida con un máximo de alienación a la Fuente. La tarea del ego es mantener a la psique apegada miopemente a los cinco sentidos y ciega al Espíritu. Dios o lo Supremo es concebido como algo totalmente distinto al self. La ética es convencional, y el goce está muy cercano a los sentidos.

Las relaciones con los demás se caracterizan por ceñirse a reglas y estar centradas en la autoridad, desprendiéndose cada vez más del acatamiento.
Como tarea del desarrollo: Se fortalece el yo y su posibilidad de postergar los impulsos y centra la identidad en las capacidades para enfocarse a las tareas y la eficiencia en el mundo. El tipo de razonamiento lineal permite razonar sobre las diferentes consecuencias de nuestros actos y da las bases finalmente, para la práctica del libre albedrío y discernimiento.

Mal funcionamiento: Neurosis Represivas. Neurosis obsesivo compulsivas. Neurosis Fóbicas.
La droga asociadas a este chakra es la Cocaína por la agresividad y sensación de poder que despierta.

En este nivel propone centrar el tratamiento en remover los impedimentos que no permitan al paciente trabajar libremente o funcionar en pareja. Los impedimentos pueden estar en conflictos reprimidos o en ideas distorsionadas o esquemas emocionales producto del condicionamiento.


4.Anahata-El Chakra del corazón.

Etapa del desarrollo: puede comenzar en la adolescencia tardía hasta estadios tardíos en la adultez.
Se abre la conciencia al Amor Universal es el primer nivel espiritual. Se trascienden las relaciones posesivas y dependientes.
Aquí rige la compasión y empatía. Existe una urgencia por comprometerse con algo que vaya más allá del ego. Las relaciones se mueven desde lo competitivo y el narcisismo hacia el desprendimiento.
El self por primera vez comienza a trascender su identificación exclusiva con el ego y comienza a identificarse con la humanidad como un todo. El Pensamiento va más allá de las polaridades y condensa opuestos en un todo.
Se vive lo Supremo, ya no como externo sino dentro de sí mismo. La ética a través de la compasión da un sentido de responsabilidad de todos por todos.

Mal funcionamiento posible: Puede haber culpa por actos pasados de egoísmo. Aquí existe la tentación de dar un paso atrás y reafirmar los valores materialistas. Si no tienen resueltas etapas inferiores, quienes se introducen en técnicas o estados que abren este chakra, pueden sentir al final empobrecimiento de si mismo.

Droga asociada a este chakra: MDMA.

En el cuarto chakra, es posible sugerir la técnica de la meditación y prácticas devocionales. Diseñar Terapias para incrementar el darse cuenta de sentimientos internos más sutiles, estados corporales y conexión con otros seres humanos.


5. Vishudda- El Chakra de la Inspiración (comunicación)

Asociada con altos niveles de creatividad. El Self ya no se identifica con los demás sino con todo el resto de los seres vivos. Está vinculado a relatos de creadores que sienten que son un canal de inspiración a través de quienes se conecta la Fuente.

El pensamiento sufre otra expansión significativa: incorpora el concepto de sinergia, y Nelson (1996) lo describe como "Las relaciones entre los eventos no son la suma de sus partes, sino que están íntimamente interconectados de modo que dan lugar a un nuevo orden total diferente". Este nuevo orden emerge de la interacción. El sujeto entonces ya no interpreta los eventos en términos de sus sentimientos personales, sino en términos de cómo calzan con un esquema Global.

En sus interacciones, el sujeto logra mayor perspectiva: en el cuarto chakra, al ver sufrimiento se actúa en orden de aliviarlo, en el quinto chakra el individuo no sólo se compadece sino que también se percata de los elementos involucrados para que ese sufrimiento se mantuviese y por ende opera a ese nivel.

El sentimiento religioso aquí está basado en la conexión directa con una fuerza que guía la vida y un deseo de entregarse al propio destino. En general en la psicología occidental, se visualiza este nivel como el máximo potencial humano.

El mal funcionamiento: Si este chakra se abre antes de tiempo, a veces es posible ver aquí la locura de los genios y también la relación estrecha que se está observando entre los desordenes maniaco-depresivos y la creatividad, en donde el primer episodio maniaco, generalmente se da alrededor de los 20 años, cuando aún por desarrollo están absortos en las tareas del tercer chakra.

Propone como sistema terapéutico:

Uso de técnicas de creatividad, trabajo con Koans del Zen, meditación Vipassana, análisis rigurosos de filosofía.

6. Ajna- El chakra chamánico

Habitualmente en occidente, se atribuyen tales fenómenos a Satán o se endiosa a quien lo evidencie. Este nivel representa la apertura del tercer ojo, es decir, despertar del espíritu en el dominio del conocimiento oculto. Se dice que tiene el poder de alterar la conciencia y por lo tanto la realidad. Aquí se encuentra la intuición. El observador establece contacto directo con los arquetipos universales. Al manipular estos arquetipos se transforma la realidad, desafiando las leyes físicas. Aquí no se siente compasión sólo por los demás seres humanos y los demás seres vivos, sino que se reconoce ese único espíritu de la creación, detrás de todo objeto creado.
Cuando alguien no tiene bien integrado los cinco chakras anteriores, y se despierta este chakra con intensas intuiciones o premoniciones, pueden confundirse y aturdirse y sentir un temor intenso. A veces, un episodio agudo de manía en un joven adulto despiertan insights respecto a aspectos no visibles de la realidad, pero es posible que al no estar bien integrados los niveles anteriores exista una regresión al nivel de conciencia del segundo chakra hasta que se recobre el equilibrio a nivel metabólico.

Las plantas medicinales -tales como: peyote, hongos, ayahuasca- abren el sexto chakra.

La mayoría de las terapias a este nivel son desconocidas en occidente: aquí se debe no sólo trascender el ego, sino las bases mismas de la individualidad. Técnicas yoguicas, métodos de control de respiración, trabajo de dietas con chamanes y otras tácticas contemplativas pueden ayudar a terminar con los vestigios de separación con el Espíritu.


7. Sahasrara- El Chakra de la Unidad

En la historia de la humanidad existen muy pocos hombres y mujeres que hayan alcanzado este nivel. Aquí no se vivencia más la individualidad como separada del todo, ni se puede separar el presente de la eternidad, ni el espacio aquí habitado con el infinito. En este nivel se vivencia la perfecta Unidad. Cuando el self se enfrenta a esto no puede hacer otra cosa que entregarse al irresistible poder de lo Absoluto.

Aquí están las experiencias de los místicos. Dado que aquí se vivencia la unidad, una autentica experiencia mística, no son suficientes las distinciones del lenguaje y de la lógica. Las percepciones, los pensamientos y acciones no poseen un ego que las perciba, las piense o actúe. No se trata de alguien que no es capaz de lidiar con el mundo por estar muy ocupado en la fusión con el cosmos; por el contrario, este nivel incluye a todos los otros, por lo que da la capacidad de manejar todas las capacidades involucradas en los demás niveles.
No existen drogas que puedan llevar a este nivel, aún cuando periodos intensos de ayuno y meditación permiten que se intime a ratos con este nivel.

En este nivel no hay necesidad alguna de terapia.




Discusión en torno a los desafíos actuales para los psicoterapeutas transpersonales y su formación:

Dado que la psicología Transpersonal se define como una psicología “que va más allá del ego o lo personal” es posible pensar injustificadamente, que esta corriente no tiene interés en los aspectos personales o en el concepto de personalidad, y menos aún un interés por establecer un diagnóstico clínico. Sin embargo, en la práctica clínica, esto sería perder total perspectiva de realidades tangibles y descriptibles como son la psicosis, la psicopatía o la depresión; y en esa mirada, tirar por la borda todo un cuerpo de conocimiento que se ha acumulado en la clínica durante poco más de un siglo.

Por el contrario, hoy es posible ver diversos autores Transpersonales, tales como Ken Wilber, Jack Engler, A.H. Almaas -entre otros- interesados en integrar parte de los modelos psicológicos explicativos referentes al desarrollo del ego, el narcisismo y el proceso de identificación en el ser humano y establecer cómo este proceso puede ser vital para la posterior desidentificación de nuestro ego -asunto central en todo camino espiritual y tema de estudio en esta corriente-.

A mi juicio, dado la mayor probabilidad de que exista un número creciente de sujetos que experimenten vivencias transpersonales o busquen experimentarlas, es claro que el ámbito de lo Transpersonal ya no puede seguir siendo excluido en el diagnóstico clínico y existe un trabajo importante en relación a sensibilizar a la comunidad de salud mental.

Y en este mismo sentido el desafío para los terapeutas transpersonales es doble: tener conocimiento directo de éstas experiencias, pero también, acoger los conocimientos y herramientas propias de su profesión y respetuosamente establecer sus hipótesis diferenciales, que orienten mejor el tratamiento de quien solicita nuestra mirada profesional en el tema

Junto con buscar experienciar los “Estados Transpersonales”, los terapeutas Transpersonales, a mi juicio, necesitan como parte de su formación conocer el ABC de las diferentes descripciones psicopatológicas y de las clasificaciones psiquiátricas, con igual interés como el que mantienen por los estados transpersonales; y ser, por tanto, eficientes y acuciosos a la hora de establecer un diagnostico. Esto no siempre se logra, dado que el alumno en formación de la psicoterapia humanista y/o transpersonal a menudo rehuye estas clasificaciones por miedo a rotular a otro ser humano y deshumanizarse en el camino, perdiendo todo contacto con el potencial y sabiduría interna que el cliente posea.

A pesar de que los autores más importantes de esta corriente están haciendo esfuerzos por una creciente integración entre los conocimientos de la psicología moderna y el misticismo, aún persiste la actitud renuente de muchos terapeutas transpersonales y alumnos interesados en el tema a diagnosticar, observándose un fenómeno de rechazo casi visceral a la aplicación de cualquier sistema diagnóstico. Algunos de los argumentos utilizados para este rechazo, también mencionados por Nelson J. E., son los siguientes .

a.- El proceso diagnóstico interfiere en la relación terapéutica restándole autenticidad a ésta.

b.- Dentro de los que se adhieren a la postura antisiquiátrica: el diagnóstico deshumaniza e insidiosamente presiona a pacientes vulnerados a adaptarse a los criterios de quienes -desde su rol de autoridad- les han impuesto una desviación

c- A esto se suma la natural desconfianza producto de la observación de una relación inversamente proporcional entre la disminución o aumento de diagnósticos psiquiátricos con la bonanza o depresión económica. (Szasz T., en Charla Bustos R. 1999).

d- y por último es que el diagnóstico ortodoxo no es suficiente para dar cuenta de la increíble cantidad de experiencias del ser humano, entre los cuales también se incluyen los estados místicos y trascendentes de la consciencia.

En la actualidad, los terapeutas Transpersonales y los alumnos interesados en el tema, aún nos encontramos con la disyuntiva de si diagnosticar o no, y si lo hacemos, desde qué modelo hacerlo. Este artículo ha pretendido contribuir a esta discusión haciendo el esfuerzo de acercar a los terapeutas transpersonales al tema diagnóstico, mostrando el trabajo de los autores más relevantes de este enfoque y sus aportes en el tema.

Es mi esperanza, que a través de esta revisión, disminuya el rechazo ciego a las descripciones psicopatológicas, dado que esta negativa total, tan sólo nos limita en nuestro campo de acción. Y tal como David Lukoff (1998) lo menciona, sensibilizar a los profesionales de la salud en los temas espirituales y en diagnósticos relacionados a éstos, puede ser relevante, dado que nos permite mejorar el tratamiento de dichas crisis y poder generar más investigación del tema, reduciendo justamente, los daños de un mal diagnóstico y tratamiento en casos de problemas religiosos o espirituales.

Las categorías psiquiátricas son tan sólo descripciones de conductas y realidades posibles y no son la esencia misma de los seres humanos A mi juicio, si como terapeutas Transpersonales no nos olvidamos de partir de la base de que uno de los principios fundamentales de la psicología Transpersonal es que nuestro cliente es un ser espiritual viviendo una experiencia humana, entonces no tendremos conflicto con mirar su condicionamiento y su ego o personalidad, y clasificarla, ya que tener un ego corresponde a la experiencia humana y a nuestro desarrollo evolutivo.

















*** Los diagnósticos aumentan en épocas de recesión y bajan en épocas de holgura económica



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